Con 24 años, Ana María Freire Fernández representa una nueva generación de ganaderas que se incorporan al sector con formación, criterio y voluntad de continuidad. Vicepresidenta de AGACA desde el pasado julio y vocal en el consejo rector de AIRA, cooperativa de la que es socia la explotación O Castelo, en Palas de Rei, una ganadería de vacuno de leche con décadas de historia ligada a su familia: es la persona más joven en ambos órganos de gobierno.
Su incorporación a la explotación familiar fue una decisión personal, tomada con naturalidad.
“En casa siempre me transmitieron que lo importante era ser feliz y escoger mi camino, y siempre tuve claro que quería seguir vinculada a nuestra explotación familiar”, explica.
Para Freire, la localización, la estructura de las fincas, los recursos disponibles y el modelo productivo condicionan las decisiones en cada granja, por eso defiende la necesidad adaptarse a cada realidad concreta apostando por la eficiencia, la organización del trabajo y la mejora del bienestar animal. La modernización, dice, pasa por hacer más cómodo el día a día y por buscar rendimientos sostenibles en el tiempo.
En un contexto donde la mano de obra es un desafío, ve fundamental reorganizar tareas, incorporar tecnología cuando sea útil y contar con apoyo externo cuando sea necesario: “No se trata solo de producir más, sino mejor, y de poder conciliar”.
Su vinculación con AIRA viene casi desde los inicios de la explotación, socia de Agris. Para Ana María, formar parte de una cooperativa grande y multisectorial supone apoyo, seguridad y fuerza colectiva. Esa percepción se amplía con su entrada en el Consejo Rector, donde pasa a pensar en el conjunto de las personas socias.
“Entré en el Consejo Rector con ganas de aprender y de poder aportar lo que esté en mi mano”, resume. En el actual mandato, con cinco mujeres en el consejo de AIRA, Freire entiende que la diversidad enriquece la toma de decisiones. Defiende consejos más plurales en edad y trayectorias e insiste en la importancia de normalizar la presencia de las mujeres en los espacios de responsabilidad y en las explotaciones.
En el caso de AGACA, destaca el papel de Carmen Rodríguez, presidenta desde hace algo más de cuatro años, como referente próximo. Valora su trayectoria y capacidad para acompañar a las personas que se incorporan por primera vez a espacios de decisión.
De cara al futuro, identifica como desafíos prioritarios el relevo generacional y la necesidad de hacer el campo atractivo desde el punto de vista económico y social. En el ámbito cooperativo, apuesta por reforzar proyectos ya existentes, alinear servicios con las necesidades reales de las personas socias y poner en común soluciones útiles para el conjunto del sector. Y, en un plano más personal, se imagina liderando una explotación sostenible, viable y rentable, comprometida con la calidad y con el valor añadido, como demuestra el reconocimiento internacional alcanzado recientemente por el queso Pambre.
La entrevista es posible gracias a la actuación financiada a través del Programa de Asistencia Técnica 2025 enmarcado dentro de las actuaciones del Convenio MAPA-Cooperativas Campo-alimentarias de España para el desarrollo de diversas actividades de mejora de la competitividad y modernización de las cooperativas agroalimentarias y la formación, igualdad y relevo generacional en consejos rectores.


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