Ana María García Vence es una ganadera gallega, socia de la cooperativa O Rodo. Con 45 años, vive en la parroquia de Río, a solo 2 km de Rodeiro, donde su familia estuvo vinculada a la ganadería durante generaciones. Su abuelo tenía vacas de carne y su padre introdujo las vacas de leche en los años 80. En 2011, Ana recogió el testigo de su padre en la explotación familiar, que ahora cuenta con 45 cabezas de ganado y produce alrededor de 15 000 litros de leche al mes.

Ana trabaja sola en su explotación, aunque recibe ayuda puntual de su hermano. Sus padres, ya jubilados, están a su cargo. Ella maneja las vacas en un circuito de ordeño y las mantiene en pastoreo a mayor parte del tiempo, adaptándose a las condiciones climáticas.
Graduada en Ingeniería Agrícola por la Universidad de Lugo, Ana siempre tuvo claro que quería trabajar en el campo. A pesar de trabajar en control lechero antes de regresar a la granja familiar, su pasión por la vida rural la llevó de vuelta a su hogar. «Mi padre estaba encantado de que volviera; mi madre, no tanto», confiesa.
Ana enfronta as dificultades do sector con determinación e optimismo. A baixada nos prezos do leite é un desafío constante, e ela lamenta que os beneficios queden na distribución. A pesar de todo, está satisfeita coa súa vida no campo, aínda que recoñece que a maior dificultade é estar soa e suxeita ao traballo os 365 días do ano.
La cooperativa
A cooperativa O Rodo, con preto de 400 socios, é fundamental para Ana: «A cooperativa achega máis seguridade e hai un respaldo de capital», explica. Ademais, sinala que sen a cooperativa, o investimento necesario para manter unha explotación sería imposible. Con todo, cre que sería positivo que a cooperativa se animase, ademais da maquinaria, no que é punteira, á transformación de produtos.
«La cooperativa aporta seguridad».
La mujer
Respeto al papel de la mujer en el sector, Ana destaca que muchas mujeres no se animan a ocupar cargos directivos en las cooperativas debido a la falta de disponibilidad. Ella participa activamente en las reuniones y expone sus opiniones; le gustaría formar parte de la junta directiva algún día: «Las mujeres tenemos otra capacidad de organización», afirma.
Ana se mantiene en contacto con otros ganaderos a través de grupos de WhatsApp, donde intercambian experiencias y consejos: «Hablamos de todo, hasta de mecánica», dice.
«Me gustaría que un consumidor pasase
una semana en una explotación y viese
el trabajo que lleva».
Percepción social
La percepción de la sociedad sobre el trabajo en el campo es un tema que preocupa la esta ganadera. Cree que la gente no valora lo suficiente el esfuerzo de agricultores/as y ganaderos/as. «Me gustaría que un consumidor pasara una semana en una explotación y viese el trabajo que lleva», afirma. A pesar de la falta de reconocimiento, está orgullosa de su trabajo y considera que tiene una mejor calidad de vida que en la ciudad.
Finalmente, Ana subraya la importancia de la formación y la concienciación sobre los productos ecológicos y el cuidado del medio ambiente. A pesar de las estrictas exigencias normativas, ella se esfuerza por cumplir con todas las regulaciones, aunque cree que las pequeñas explotaciones son las más castigadas.
Aún con dificultades, Ana está convencida de que la vida en el campo tiene futuro y anima a las nuevas generaciones a seguir sus pasos: «Si tuviera una hija y ella quisiera, sí la animaría a dedicarse a esto», concluye.
Esta entrevista es posible gracias a la actuación financiada a través del Programa de Asistencia Técnica 2024 enmarcado dentro de las actuaciones del Convenio MAPA-Cooperativas Agro-alimentarias de España para el desarrollo de diversas actividades de mejora de la competitividad y modernización de las cooperativas agroalimentarias y la formación, igualdad y relevo generacional en consejos rectores.
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