Editorial nº 163, mayo 2023. Una vez cerrado el ejercicio económico 2022 debemos reconocer el notable crecimiento de los sectores cooperativos agroalimentarios de Galicia a lo largo de este ejercicio, lo que nos permite destacar la capacidad de el conjunto de el sector para afrontar los próximos desafíos. Es muy importante garantizar un crecimiento continuado y sostenible y una mayor productividad, aun que la un ritmo más lento, después de un período de crecimiento fuerte, como fueron los años posteriores a la pandemia.
Las cooperativas desempeñan un papel innovador y de crucial importancia a el llevar alimentos y productos nutricionales de la más alta calidad a los comprados gallegos, estatales e internacionales, lo que debe ayudar la apuntalar a sostenibilidad de las familias de los profesionales agroganaderos y de las comunidades rurales gallegas.
Desde una posición humilde y modesta, tanto la ganadería como la agricultura siguen creciendo en el entorno cooperativo, cumpliendo los objetivos y proyecciones, pese la que no están dentro de los cuidados y promociones de las instituciones. Esto solo es posible por el espíritu empresarial, las capacidades de gestión, la resiliencia de los socios y socias y el poder del modelo cooperativo de organización y gober- nanza. Según las estimaciones de AGACA, en 2022 las cooperativas y las sociedades de capital de su propiedad superaron ampliamente los 2.000 millones de euros de facturación, y somos responsables de promover y facilitar una actividad económica a cerca de 28.000 socios y socias empleando alrededor de 6.000 personas.
Según las estimaciones de AGACA, en 2022 las cooperativas y las sociedades de capital de su propiedad superaron ampliamente los 2.000 millones de euros de facturación, y somos responsables de promover y facilitar una actividad económica a cerca de 28.000 socios y socias empleando alrededor de 6.000 personas.
La medida que se pone al ralentí el incremento produ- tuvo y sube la inflación de los suministros sobre ciertos productos agrarios y ganaderos, debemos promover una resiliencia, un progreso y una innovación aún mayores en todo el movimiento cooperativo. Nos esperan nuevos desafíos ambientales y de bienestar animal, incluida la necesidad de descarbonizar las cadenas de suministro y de reducir el uso de fertilizantes químicos y los fitosani- tarios. Con todo, tenemos que confiar en la capacidad de las cooperativas para abordar las prioridades de sostenibilidad.
Algunas cooperativas ya están trabajando en áreas relacionadas con las emisiones de gases de efecto invernadero, con la calidad de el agua, con el amoniaco y con la biodiversidad. El sentido común y el sérmelos prácticos deben prevalecer en la creación de soluciones sostenibles para el futuro, mediante una evolución ordenada, gestionada y continua hacia una mayor sostenibilidad mejorada. Nuestro sistema de producción y el pequeño tamaño de nuestras explotaciones familiares deben permitirnos proteger la productividad del sector mientras aprovechamos al máximo las oportunidades de las energías renovables, la agricultura de carbono y la bioeconomía.
El movimiento cooperativo es lo que genera riqueza y fomenta las oportunidades económicas en nuestras pequeñas parroquias de el rural. Sin embargo, para eso es clave involucrar a la juventud y, en particular, la plena inclusión y participación de las mujeres en el liderado y el mantenimiento de las cooperativas.
Debemos trabajar en la urgente necesidad de relanzar negocios y medios de vida atractivos para la generación más chica, lo suficientemente competitivos.
Debemos trabajar en la urgente necesidad de relanzar negocios y medios de vida que sean atractivos para la generación más chica, lo suficiente- miente competitivos para igualar el atractivo de los trabajos urbanos cómodos o las oportunidades en el extranjero.




