A diferencia de otras empresas, en las cooperativas prima el interés general del colectivo frente al interés individual. Priman el control democrático de la entidad ejercido por las personas socias, la política de puertas abiertas a la entrada de nuevos miembros y la redistribución de los resultados en proporción a la actividad cooperativizada —que siempre quedan en el territorio—, frente al peso del capital y el dividendo.
Sobre las cooperativas también pesan limitaciones que no tienen otro tipo de empresas y que deben cumplir para mantener la esencia cooperativa, como son las dotaciones obligatorias a fondos irrepartibles o las restricciones a las operaciones con terceros. Otras empresas no tienen estas trabas ni limitaciones en sus actividades con las personas productoras agrarias.
Una cooperativa es una empresa colectiva resultante de la agrupación de cientos, e incluso miles, de personas empresarias agrarias individuales que se unieron para defender mejor sus intereses económicos, captar valor añadido del mercado y dar seguridad a las personas agricultoras socias. Esto produce un efecto regulador en el mercado, tanto en sus producciones como en la compra de insumos. Qué sería de las personas agricultoras sin las cooperativas?
Un euro de ayuda a una persona empresaria individual supone un apoyo proporcionalmente mucho mayor que un euro de ayuda a una cooperativa formada por muchas personas socias.
Las cooperativas permiten optimizar los recursos económicos destinados a las ayudas públicas. Mientras que la empresaria individual accede a las ayudas para su legítimo beneficio propio, en la cooperativa
—aun accediendo la mayores importes de ayuda pública— las personas beneficiarias son muchas (hasta miles) agricultoras socias, pequeñas personas empresarias agrupadas alrededor de una empresa en común. Un euro de ayuda a una persona empresaria individual supone un apoyo proporcionalmente mucho mayor que un euro de ayuda a una cooperativa formada por muchas personas socias. Por ello, deben incentivarse de manera reforzada los proyectos desarrollados por las cooperativas, con porcentajes superiores a otros tipos de empresas.
Los requisitos y herramientas generales de la futura Política Agraria Común (PAC) deben tener en cuenta esta realidad, aspecto que ahora no se contempla. Desde AGACA y las cooperativas gallegas defendemos contundentemente que el modelo cooperativo sea apoyado en el marco de la futura PAC 2028-2034. Nos preocupan mucho la inseguridad sobre la continuidad de la medida de inversiones industriales (actualmente en el segundo pilar) y de las líneas de inversiones industriales establecidas en las intervenciones sectoriales del vino, frutas y hortalizas. También nos preocupa que no se conceda prioridad a las inversiones en industrias cooperativas, tal como se contempla en la actualidad.
Posiblemente las intervenciones sectoriales a través de programas operativos son la mejor herramienta para favorecer las inversiones responsables, buscar un mayor impacto de los fondos públicos y adaptar el sector productor a los retos de futuro, ya que tendrán un efecto directo sobre el avance de la rentabilidad de los propios agricultores. En este sentido, apoyamos la ampliación de las intervenciones sectoriales a sectores clave en Galicia, como el lácteo, el vacuno de carne y el cunícola.
La Comisión Europea debe rectificar la propuesta de la PAC e impulsar la economía de las personas agricultoras frente al capitalismo de las accionistas.
La Comisión Europea debe rectificar la propuesta de la PAC e impulsar la economía de las personas agricultoras frente al capitalismo de las accionistas. Debe, incluso, ayudar a formar e incentivar a las personas productoras sobre los beneficios y los medios de participación en los negocios colectivos que los fortalecen y proporcionan seguridad y estabilidad frente a la volatilidad del capital.





