La agricultura en Galicia avanzó mucho en sostenibilidad. Nuestras personas productoras del ámbito agrícola y ganadero aprendieron a producir más y mejor, cuidando el medio ambiente, pero con graves amenazas estructurales y sociales que condicionan su futuro. En este último lustro podemos afirmar que el sector primario tuvo un resultado económico con crecimiento de resultados gracias a una mejora de los precios percibidos por los productores y productoras y unas producciones que se mantienen o incrementan en volumen. Pero cada vez hay menos profesionales por cuenta propia y más trabajadores y trabajadoras por cuenta ajena ligadas al sector. Aumenta la necesidad de más personas extranjeras en el sector que acerquen su mano de obra convirtiéndose en el reto clave del sector para el futuro.
Una gran debilidad de nuestro sector primario es la dependencia de materias primas extra-comunitarias, especialmente para fertilizantes y para piensos. Pero también somos dependientes de los mercados comunitarios y extra-comunitarios para comercializar nuestras grandes producciones ligadas a los sectores lácteo, cárnicos y de vino.
Desde el 2010 hasta el 2022 se contrajo un 50 % el uso de antibióticos antimicrobianos veterinarios, mientras que el valor de la producción animal se incrementó. Disminuyó de manera drástica el riesgo asociado al uso de fitosanitarios y su perfil tóxico alrededor del 45 %, pese a la fuerte competencia en los mercados de productos de otros países. También aparecen los primeros abandonos ante las dificultades de disponer de materias primas fitosanitarias, como en la lucha contra el pulgón, y ya abandonan productores y productoras de cebolla y/o lechuga.
Las emisiones de CO2 vinculadas exclusivamente a la agricultura se estabilizaron por el crecimiento de las cabañas ganaderas, si bien por litro de leche o kilo de carne se estima una reducción del 10 % en la última década por la mejora genética y la eficiencia productiva. Hay menos emisiones vinculadas a la utilización de fertilizantes y una menor utilización de estos gracias a un uso más eficiente. De las últimas informaciones oficiales de las que disponemos sobre la declaración de Zonas Vulnerables a Nitratos en Galicia, se concluye que el problema para las aguas gallegas son las aguas residuales procedentes de las viviendas, junto a problemas comarcales concretos en el ámbito agrícola. Algunos estudios sitúan los suelos de Galicia como el almacén de tres a cinco veces más CO2 que la media de suelos del resto del Estado. Conservar e incrementar los pasteros es el principal reto a lograr.
Socialmente vamos hacia un envejecimiento extremo de la población agraria y a su masculinización. Todos los días desaparecen explotaciones agrícolas (6 % anual en vacuno de leche) y siguen aumentando el tamaño las explotaciones que quedan, pero sigue quedando muchísima tierra agrícola abandonada y una reducidísima movilidad de la misma, en una estructura de la tierra de difícil aprovechamiento agrícola eficiente.
Los profesionales de la agricultura y ganadería en Galicia fueron capaces de conciliar mayores exigencias medioambientales y mantener o incrementar las producciones y, además, acercar a los mercados alimentos gallegos de alta calidad muy reconocidos por las personas consumidoras. El coste social pagado por el sector es brutal y el reconocimiento de este esfuerzo por la administración y la sociedad es insuficiente para asegurar la producción de alimentos en el futuro. Los apoyos de las cooperativas a la producción son ahora claves para no lamentar después ante la indiferencia de la sociedad y de las personas consumidoras.




