Con el paso del tiempo, los esfuerzos y valores impulsados por las personas se ven amenazados y tienden a olvidarse. Siempre la familia, los amigos y aquellos que compartieron inquietudes en las organizaciones intentamos recordar aquellas cosas que nos ayudaron y que animaron el avance del cooperativismo.
Con la muerte de José Luís López Vázquez, el pasado mes de febrero, no solo despedimos a un padre, la un esposo, la un amigo y un ganadero jubilado. También nos tocó compartir el dolor por un cooperativista convencido, un presidente de una cooperativa integradora y un presidente de AGACA durante ocho años. Pero ese adiós será menos adiós si recordamos sus ideas, sus inquietudes, sus logros, sus ilusiones e, incluso, sus entretenimientos.
Le tocó presidir, moderar y avanzar con acuerdos en la cooperativa de segundo grado comarcal de ganaderos productores de leche en épocas complejas: con crisis en la industria, con cuotas lácteas a la producción, con la enorme necesidad de crecer de los ganaderos, con grandes tensiones políticas y sociales en el campo.
Ponía en valor a Granxa de Barreiros, situada cerca de la casa donde nació, y a Avelino Posa Antelo, por la labor docente y de animación que esta institución ejerció en la comarca de Sarria. Recordaba la formación recibida, así como el campeonato nacional de arada al que, siendo joven, acudía para mostrar su destreza en la compleja tarea agrícola.
Siempre escuchamos a José Luis hablar en términos económicos, aspecto clave de su manera de ver la producción agraria y ganadera. Reiteraba constantemente la necesidad de ser eficientes, de hacer las inversiones idóneas y de los retornos esperados de estos. A veces eran en la producción de maíz forrajero, donde siempre insistía en la importancia de alcanzar volumen y calidad; otras, en los niveles de calidad de los ensilados de hierba. Hablaba de la importancia de la genética, de la alimentación del rebaño, para finalizar siempre refiriéndose a la rentabilidad y al endeudamiento idóneo, nunca excesivo. Tal vez por eso, fue durante años vocal de Caja Rural de Lugo.
No que creía, así que lo tenía bien evaluado, le gustaba ser pionero. Fue de los primeros ganaderos gallegos en instalar un robot de ordeño. Recibió con gusto multitud de ganaderos y preguntas explicando su experiencia. Compartía sin reparos en detalles: abierto a los demás. Atento, muy atento a las explicaciones que de adulto recibió para convertirse en pequeño viticultor y vinatero de un vino amandi bien valorado por tradicional y de sabor auténtico.
Cooperativista, de trato agradable, simpático y contador de chistes entre ganaderos y amigos, y persona muy familiar. Le costaba la formalidad política, pero, pese a eso, ejerció de magnífico anfitrión del V Congreso de Cooperativas Campo-alimentarias de España celebrado en Santiago en 2006. Te recordamos. D.Y.P.



